Por: Enrique Castillo-Pesado

No se puede negar que Berlín cambia a un ritmo impetuoso, es una metrópoli moderna y multinacional que quisiera, ante todo, convertirse en acontecimiento. ¡Y lo es! Su manía es, precisamente, lo nuevo, el experimento.

Esta actitud es visible en el “nuevo” centro de Berlín, plagado de hermosos edificios, parques, museos, tiendas de lujo, restaurantes y galerías. En sólo una década fue lanzado al presente el centro histórico que una vez había sido “el callejón sin salida” de dos ideologías (la comunista y la capitalista). La calle Friedrichstrasse fue despertada de su sueño y embellecida en casi todo su trayecto. La Puerta de Branderburgo quedó situada en una plaza de construcciones completamente nuevas. Pero a la vez, se ha cuidado y reconstruido la herencia histórica de la época prusiana.

Berlín atrae mágicamente a los creativos de todo el mundo. La vida cultural de Berlín es extraordinariamente eufórica y de riqueza inabarcable. Es la ciudad alemana con el mayor número de teatros. También la variedad de museos es excepcional. ¡La isla de los Museos es la joya de los tesoros culturales!

La época oscura de la división está casi olvidada, aunque muchísimas personas consideran que el Museo del Holocausto es espeluznante. Por otro lado, apenas si se pueden encontrar huellas del muro. Los vestigios dispersos en el centro de la ciudad mantienen tímidamente el recuerdo de aquellos 28 años de división y son buscados por millones de visitantes. En los últimos años, Berlín integró con osadía “la escena de la política de la Alemania unificada”.

Les recomiendo que lean el libro Berlín en el bolsillo, que los acompañará fielmente “a través de la jungla de una ciudad que supo cómo reinventarse”. Eso sí, mi hotel favorito es el Adlon Kempinski, ubicado a menos de cien metros de la Puerta de Branderburgo, un resort 6 estrellas para conocedores de la vida turística.

Recomiendo visitar el Sony Center de Helmut Jahn; el Museo de Cinematografía; Consorcio Daimiel; Ärea Beisheim; el edificio feudal del banco Deutscher Bundersrat; Parlamento Alemán y el Paul-Lobe-Haus; la biblioteca Marie-Elisabeth-Luders-Haus; la Cancillería Federal; el conjunto de la Cinta de la Federación; el Palacio Bellevue; la Staatsoper, la joya de Unter den Linden; el suntuoso Berliner Don en la isla del Spree; la Universidad de Humboldt; la sección berlinesa del Museo Guggenheim; Academia de Bellas Artes; las Galerías Lafayette; la City-West; el Estadio Olímpico; y nunca acabaría de mencionar los sitios de interés turístico, cultural y político.

Después de haber estado en Berlín, me dirigí a Sttutgart, cuna del automóvil, para dedicar cinco horas al recorrido del bellísimo Museo Mercedes Benz, toda una joya arquitectónica que alberga un total de 160 vehículos clásicos y modernos. En sus 16,500 m2 es posible admirar detenidamente desde los primeros coches de la firma, al novísimo SLS AMG, sin olvidarnos de las exhibiciones dedicadas a la larga trayectoria deportiva de Mercedes.

¡Sí… fue excelente mi último viaje a Alemania! ¡Wunderba! Y hasta la próxima, ¡abur